Siempre me inclino a pensar que todo va a estar bien, pero a veces es tanta la ingenuidad con la que lo hago, que la caída es durísima cuando tomo consciencia de lo que en realidad pasa a mi alrededor. Y ahí es cuando me doy cuenta, que a veces están mal muchas cosas que siento, cosas con las cuales me guío. ¿Me guío a dónde? A la nada. Y me pierdo, en un lugar tan grande como es el mundo. Me pierdo y empiezo a dudar sobre mi, sobre mi forma de ser, sobre qué quiero, quién pretendo ser en este lugar donde el liderazgo es base en todos los conflictos y ser uno más no alcanza para decidir ni por uno mismo. Y así es, no vivo mi vida, me la viven. Mis amigos, mi familia, la gente que me rodea, pretenden que sea alguien que no soy, me condiciona con simples comentarios y me critica cuando hago algo “mal”. ¿Quién decide acá qué está mal y qué está bien? No quiero que la gente me diga lo que hacer, quiero vivir, experimentar cosas nuevas, probar, probar que se siente hacer lo que quiero sin restricciones. Vivir mi vida. Vivir. Sentir. Y seguir viviendo. Experimentar el sentimiento de satisfacción por darme gustos. Y a veces hay que conformarse con esto, con nada. Como mucho con insultos. Y la única opción que queda es llorar un poco, tocar un rato la guitarra y seguir viviendo, porque así lo quiso un diablo, algún día que se despertó con ganas de hacer travesuras. Qué buena palabra: travesuras. Hagamos travesuras, vivamos en un mundo sin reglas, VIVAMOS, nada más, sólo eso. Dejemos que las cosas a nuestro alrededor sólo sigan pasando y que el mundo gire como debe sin preocuparnos por cosas insignificantes. Dejamos el delirio de lado y nos queda abrir los ojos y enfrentar la realidad que nos espera ahí en frente de nosotros, y qué ganas de doblar, y esquivarla. Pero no. Hay que seguir, sin reacción ni protesta. Después de todo, vivir es arriesgarse a morir. Y nos tenemos que arriesgar, el mayo peligro podría ser no arriesgarse a nada.
¿Qué les queda a los jóvenes?
en este mundo de paciencia y asco?
¿sólo grafitti? ¿rock? ¿escepticismo?
también les queda no decir amén
no dejar que les maten el amor
recuperar el habla y la utopía
ser jóvenes sin prisa y con memoria
situarse en una historia que es la suya
no convertirse en viejos prematuros
¿qué les queda por probar a los jóvenes
en este mundo de rutina y ruina?
¿cocaína? ¿cerveza? ¿barras bravas?
les queda respirar, abrir los ojos
descubrir las raíces del horror
inventar paz así sea a ponchazos
entenderse con la naturaleza
y con la lluvia y los relámpagos
y con el sentimiento y con la muerte
esa loca de atar y desatar
¿qué les queda por probar a los jóvenes
en este mundo de consumo y humo?
¿vértigo? ¿asaltos? ¿discotecas?
también les queda discutir con dios
tanto si existe como si no existe
tender manos que ayudan, abrir puertas
entre el corazón propio y el ajeno,
sobre todo les queda hacer futuro
R u m b o a l s o l
Datos personales
- Micaela
- Se puede encontrar a este espécimen en el fondo del bosque, en la última planta de una palmera, colgada comiendo una banana. Ella tiene un look particular: medias bordó, vestidito hippie, pelo corto, guitarra bajo el brazo. Toda una rompecorazones... De boliche en boliche, le gusta el morfi, no estudia ni en chiste. Cuenta con un poder misterioso: no toca ni un libro y no deja de aprobar. Ella tiene un caparazón de madera y un corazón de melón. Mirando de reojo, tantea el territorio, para después mostrarse así de loca, buena, divertida, sencilla y apasionada, como sólo ella es.
Tanto fumar y tanto reir; y tanto mirar tu boca.
Sostener que son mi paz
Y poco a poco aprendieron que, para llegar al cielo, sólo hacía falta dar vuelta el mundo
Quitar los escombros, dentro de lo posible; porque también habrá escombros que nadie podrá quitar del corazón y de la memoria.



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(los insultos no valen la pena)