Hablemus de un mate
Justo cuando el fresquito de la bombilla se acerca a los labios, que inmortalizan el calor en invierno, tomamos una decisión sin darnos cuenta, con la inercia de quien ceba el mate y lo hace girar. No nos damos cuenta, pero tenemos la capacidad de decidir los sentidos que vamos a involucrar en la acción tan cotidiana y estructurada de tomar un mate.
Justo cuando el fresquito de la bombilla se acerca a los labios, que inmortalizan el calor en invierno, ni lo pensamos, pero solemos no prestar mucha atención y fijar la mirada en un punto fijo que nada transmite y nada interpreta.
Justo cuando el fresquito de la bombilla se acerca a los labios, que inmortalizan el calor en invierno, podemos también cerrar los ojos. Desprendernos del sentido de la vista, para potenciar el gusto, el sabor amargo de cada sorbito de agua calentita que sin permiso se mete en cada huequito de la lengua, la garganta y, de a poquito, en todas las partecitas del cuerpo, que empieza a entrar en calor y se siente a gusto.
Justo cuando el fresquito de la bombilla se acerca a los labios, que inmortalizan el calor en invierno, tenemos otra opción: ver. Mirar lo que nuestra acción provoca. Tenemos la posibilidad, sin agregar algún tipo de esfuerzo, de hundirnos en un mar de yerbitas. Formitas verdes, más verdes, menos verdes, y algunas que se acercan más a un color marroncito. Si hay una cantidad de agua coinsiderable, algunas formitas flotan, mientras que todas las demás se someten a la masificación y a la igualdad. Pero cuando - y mientras - tomamos el agua, van apareciendo nuevos cuadrados, rectángulos, trapecios, rombos y romboides del color del bosque, cada uno con una huella de brillito propio que el agua les dejó.
Justo cuando el fresquito de la bombilla se acerca a los labios, que inmortalizan el calor en invierno, ni nos percatamos, y las yerbitas ya están listas y preparadas, con su humildad, su confianza y su inmensidad, para recibir, una vez más, un chorro de agua caliente.
¿Qué les queda a los jóvenes?
en este mundo de paciencia y asco?
¿sólo grafitti? ¿rock? ¿escepticismo?
también les queda no decir amén
no dejar que les maten el amor
recuperar el habla y la utopía
ser jóvenes sin prisa y con memoria
situarse en una historia que es la suya
no convertirse en viejos prematuros
¿qué les queda por probar a los jóvenes
en este mundo de rutina y ruina?
¿cocaína? ¿cerveza? ¿barras bravas?
les queda respirar, abrir los ojos
descubrir las raíces del horror
inventar paz así sea a ponchazos
entenderse con la naturaleza
y con la lluvia y los relámpagos
y con el sentimiento y con la muerte
esa loca de atar y desatar
¿qué les queda por probar a los jóvenes
en este mundo de consumo y humo?
¿vértigo? ¿asaltos? ¿discotecas?
también les queda discutir con dios
tanto si existe como si no existe
tender manos que ayudan, abrir puertas
entre el corazón propio y el ajeno,
sobre todo les queda hacer futuro
R u m b o a l s o l
Datos personales
- Micaela
- Se puede encontrar a este espécimen en el fondo del bosque, en la última planta de una palmera, colgada comiendo una banana. Ella tiene un look particular: medias bordó, vestidito hippie, pelo corto, guitarra bajo el brazo. Toda una rompecorazones... De boliche en boliche, le gusta el morfi, no estudia ni en chiste. Cuenta con un poder misterioso: no toca ni un libro y no deja de aprobar. Ella tiene un caparazón de madera y un corazón de melón. Mirando de reojo, tantea el territorio, para después mostrarse así de loca, buena, divertida, sencilla y apasionada, como sólo ella es.
Tanto fumar y tanto reir; y tanto mirar tu boca.
Sostener que son mi paz
Y poco a poco aprendieron que, para llegar al cielo, sólo hacía falta dar vuelta el mundo
Quitar los escombros, dentro de lo posible; porque también habrá escombros que nadie podrá quitar del corazón y de la memoria.



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